El último soldado

LUCES Y SOMBRAS

Soldado de alma oscura

Por las tumbas que dejaba a su paso

De corazón podrido

Por el odio generado durante años

Ella en él vio algo

El en ella vio redención

… A su lado

Un lugar donde pedir perdón

… Ser perdonado

Cambió su corazón

Se volvió blando

No duraría mucho

No estaba acostumbrado

Su mente recordaba demasiado

Su alma vagaba luchando

Su cuerpo envejecía rápido

Su corazón apenas latía

Necesitaba la otra

Demasiado hecho a ella

A las sangrientas contiendas

Al constante enfrentamiento

A las atrocidades humanas

Al desapego

A pecar y ver pecar

Ser cruel… Sanguinario…

Vivir en ella

Por más que desearon

No lograron evitarlo

Su alma era demasiado oscura

Incluso para un ángel blanco

Volvió a caer en tentación

Resurgió el soldado

Desapareció del mismo modo que llegó

Dejando un manto rojo sobre el polvo blanco

Ella sigue esperando… Preguntando

Que fue lo que pasó…

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Entre versos y comas

Luis de Laos

Entre versos y comas
no se si querer vivir
o morir por dentro.
Si no fuera por tu mirada
tendría que elegir
entre los poemas rotos
o un vaso lleno de veneno.
Prefiero la vida
ya que sigues ahí dentro
felicidad dormida
alegría de mis enredos
dulce y perdida sonrisa
dulce y ardiente deseo.
Entre versos y comas
son tus ojos acaramelados
los que me dejan sin aliento.

04 de junio de 2018
Luis de Laos.

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Miradas

La Esfera que no gira más

Vaivenes de miradas,

algunas se sostienen, otras son esquivas.

Miradas cargadas de fuego,

escupen llamas cuando son observadas.

Miradas dulces,

siendo presas de la ternura.

Miradas de antaño,

son aquellas que el pasado no comulga ni perdona.

Miradas llenas de deseo,

cuando las pupilas convergen con las ganas.

Miradas tensas,

siendo testigos y partícipes de las mentiras.

Miradas embutidas por la envidia,

deseando lo inalcanzable e inexistente.

Miradas podridas de dolor,

son difíciles de olvidar.

Miradas cansadas,

se enfrentan a guerras sin sentido.

Miradas donde perpetúan el resentimiento,

siendo mutiladas por el odio.

Miradas limpias,

donde todavía hay inocencia.

Miradas enamoradas,

siendo fortalecidas por la confianza.

Hay amores que nacen de una mirada

y en los ojos hay verdades que la boca calla.

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Quién se quedará nuestros libros cuando hayamos muerto (1º entrega)

Wow, sólo wow.

Me enganché con el titulo porque es una pregunta que me he (nos) hecho muchas veces. Pero, aunque no la has respondido… ni siquiera acercado a una respuesta, me he quedado por la belleza de la narración, y las flores entre los párrafos.
Así que, si no te molesta, voy a compartir esto con un pedazo del mundo, Y si te molesta… ya lo hice.

Por cierto. Me quedo con este párrafo que me llegó de sobremanera:

“Quise decirle algo, aunque supiera que no iba entenderme, pero de mi boca no consiguió escapar ni una sílaba. Las despedidas nunca son necesarias. Despedirse requiere también dar explicaciones, decir lo que acaso es mejor callar…”

Buenas noches, princesa

Érase una vez…

Nací el 30 de septiembre del año 1979. Era domingo y llovía. El Burgos había perdido contra las Palmas.

Cuentan que mi abuelo, al cogerme en brazos por primera vez, miró a su yerno y dijo: «Juan, este niño está destinado a hacer grandes cosas». Nadie sabe qué debió de pasar por su cabeza para decir aquello. Pero tampoco se lo preguntaron. En mi familia son muy así. Si algo huele a profundo, se finge no haberlo escuchado. Quizás por eso mi padre, obligado a recoger el testigo del comentario, se limitó a añadir: «Pues con esa boca de oreja a oreja, parece un buzón de correos». Y así se zanjó el asunto.

Durante mis primeros tres días, mi nombre fue Carmen. Mamá, fiel a su cabezonería congénita, se había empeñado en que iba a tener una niña y no fue tarea fácil…

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Déjame ser tu Pigmalión

Literatura, cultura y nuevas tecnologías

Déjame ser tu Pigmalión
para esculpir, lentamente,
con mis yemas de Bernini
tu ardiente mármol rasgado.

Déjame ser tú Prometeo
para avivar la dorada llama
que sembré en tu pecho
de azabache marchito.

Déjame ser tu adelfa
para teñir tus grisáceos
iris del color del sur
y embriagarlos de néctar.

Déjame ser tu musa
insaciable para que sepan
a versos todas las letras
que muerda en tu boca.

Déjame no dejarte ir
cuando Ícaro derrita al sol
y la abismal noche aceche
los pétalos de mi alma

.

zoraida-manchez-mateos Propiedad de: Zoraida Sánchez Mateos

by: Zoraida Sánchez

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