Quién se quedará nuestros libros cuando hayamos muerto (1º entrega)

Wow, sólo wow.

Me enganché con el titulo porque es una pregunta que me he (nos) hecho muchas veces. Pero, aunque no la has respondido… ni siquiera acercado a una respuesta, me he quedado por la belleza de la narración, y las flores entre los párrafos.
Así que, si no te molesta, voy a compartir esto con un pedazo del mundo, Y si te molesta… ya lo hice.

Por cierto. Me quedo con este párrafo que me llegó de sobremanera:

“Quise decirle algo, aunque supiera que no iba entenderme, pero de mi boca no consiguió escapar ni una sílaba. Las despedidas nunca son necesarias. Despedirse requiere también dar explicaciones, decir lo que acaso es mejor callar…”

Buenas noches, princesa

Érase una vez…

Nací el 30 de septiembre del año 1979. Era domingo y llovía. El Burgos había perdido contra las Palmas.

Cuentan que mi abuelo, al cogerme en brazos por primera vez, miró a su yerno y dijo: «Juan, este niño está destinado a hacer grandes cosas». Nadie sabe qué debió de pasar por su cabeza para decir aquello. Pero tampoco se lo preguntaron. En mi familia son muy así. Si algo huele a profundo, se finge no haberlo escuchado. Quizás por eso mi padre, obligado a recoger el testigo del comentario, se limitó a añadir: «Pues con esa boca de oreja a oreja, parece un buzón de correos». Y así se zanjó el asunto.

Durante mis primeros tres días, mi nombre fue Carmen. Mamá, fiel a su cabezonería congénita, se había empeñado en que iba a tener una niña y no fue tarea fácil…

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Déjame ser tu Pigmalión

Literatura, cultura y nuevas tecnologías

Déjame ser tu Pigmalión
para esculpir, lentamente,
con mis yemas de Bernini
tu ardiente mármol rasgado.

Déjame ser tú Prometeo
para avivar la dorada llama
que sembré en tu pecho
de azabache marchito.

Déjame ser tu adelfa
para teñir tus grisáceos
iris del color del sur
y embriagarlos de néctar.

Déjame ser tu musa
insaciable para que sepan
a versos todas las letras
que muerda en tu boca.

Déjame no dejarte ir
cuando Ícaro derrita al sol
y la abismal noche aceche
los pétalos de mi alma

.

zoraida-manchez-mateos Propiedad de: Zoraida Sánchez Mateos

by: Zoraida Sánchez

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Tercera Guerra Mundial

Versos Rotos

Miradnos ahora,

tantas ganas que teníamos de comernos al mundo,

de arrasar con la vida y las penas,

de desvestirnos tan rápido

para que no se nos vieran los miedos

y las heridas…

y el mundo,

acabó comiéndonos a nosotros.

La realidad me tomó por el cuello

y ya no pude voltear a verte

(y eso dolió más que morir de verdad)

mi cabeza estalló en mil pedazos

como Hiroshima y Nagasaki,

y tú tampoco pudiste volver a mi

fuimos breves,

fuimos intensos,

fuimos el accidente de Chernobyl y Atucha juntos.

Nuestros sentimientos mutaron

a nuevas formas de amar,

de mirar y de sostener una mano…

pero con el mismo tanque de óxigeno

para sobrevivir a nuestros recuerdos.

Ahora vivo todo el tiempo

con una bomba dentro de mi estómago,

siempre a punto de estallar,

con tres latidos en la garganta

que me entrecortan la voz y la respiración…

y…

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Eres yo

La Esfera que no gira más

¿Cómo haces para caminar sobre un muro sin esperanzas?

¿cómo sonríes con el peso de la tristeza a tu espalda?

¿Cómo sabes que estás viviendo?

Tu alma está agonizando,

tal vez tu cuerpo aún dé señales de vida,

pero ella está sobre un hilo,

la bella muerte anda rondándote.

La muerte es un cuervo que te acecha, hambrienta,

esperando hasta tu último suspiro.

Lo único que te acompaña esta noche es un charco de sangre que cubre tus esbeltas piernas.

¿Crees en Dios? Más vale que no, porque no habrá ninguno que te salve.

Lo único que te va a follar es el frío

que está tan penetrable como aquella verga que solías amar,

son tus sucias lágrimas, las únicas que te van acompañar.

Te refugiaras en los brazos de tus desgracias.

La madrugada no es tan oscura comparada con tu aura.

¡He aquí la bestialidad hecha hombre!

Te estoy…

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Tiempo desandado

Buenos Relatos

ANA LESMAN

Recuerdo tus manos en mi cintura, y no, no es una canción.

Tampoco un sueño. Fue real. Han pasado los años pero aún puedo percibir tus brazos  ceñidos a mi Alma.

Realidad de tiempo que siempre es más tarde de lo que pensamos. Hoy el “tiempo” de los días lo mido en eternidades. Porque ahora “mi tiempo es un camino desandado”.

¡Vagar hacia lo eterno está tan alejado! Que no concibo cómo transitar sin oírte cercano,  cogido a mi talle con luz de melancolía.

Y en este tramo, de “mi tiempo”, la pregunta retumba en los tímpanos. Sé que jamás tendrá respuesta. Supongo que la inventaré allá cuando me encuentre en los cercanos confines de la estación final.

En ese instante acudirán a mis ojos tus manos rodeando mi cintura. Y mis manos con las tuyas se detendrán en un trazo del espacio eternamente distanciado.

https://pergaminosdealma.wordpress.com/

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