TRISTEZA…

NO HAY UNA RUBIA BUENA

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Ella viene y va, cuando se acerca apenas mete ruido y cuando queremos darnos cuenta ahí está, acompañándonos sin haberlo pedido. Se acopla a nuestra persona cual pegamento y nisiquiera preguntamos para qué aparece, por qué ahora.

La única certeza es que está aquí y hay que convivir con ella lo mejor posible. Al ser compañera de viaje de uno mismo y de tantos otros, tiene varias anécdotas que contar, han sido varios los momentos compartidos con ella, en distintas situaciones, algunas de ellas, vitales.

Tampoco sabemos cuánto tiempo permanecerá con nosotros pero en un hueco libre hemos hecho acopio de instrumentación y herramientas para tener una convivencia pacífica y nada traumática. Puede que comamos demasiado o poquísimo, tal vez el sueño no nos acompañe o disminuya la atención, pero al ser una compañera eventual, a veces acompañada de lloros, al menos sabemos que, llegando a cierta parte del trayecto, se…

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