Descenso.

Poesía de basurales.

La cama
es un abismo
repleto de llegadas
a destiempo,
las manos están
tan frías hoy
tan moradas
y dolorosas,

desde ahí todo es descenso,
el abrazo
de un domingo  triste,
una gripe de invierno
en pleno otoño
con las hojas hasta el cuello,
2 tazas frías de café
y la única certeza
de que me he pasado el día
tan lejos de mí
como me fue posible.

Pero dicen que
uno siempre vuelve,
enganchándome
en los clavos
que sobresalen,
con la ropa hecha
harapos  y el cuerpo
no mucho mejor,
con las letras recién grabadas
en las manos
y el tizne
sobre las mejillas,

uno vuelve
y en cierta forma
todo eso
también es descenso,
recaída rutinaria,
tiempo que no pasa,
que tortura,
la tierra
bajo las uñas
y la cabeza intentando
no pensar,
todas esas cosas
que se impregnan
de vos
son un pozo
hondo
en el que…

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