Reminiscencia

Al principio todo estaba dispuesto

para permanecer.

En el horizonte

los reflejos

eran equidistantes,

había palacios sostenidos

carentes de reproches

indecencias impronunciables

y palabras, sobre todo palabras,

ofreciendo consagraciones verdaderas

con la insolencia de la juventud,

la ambigüedad y su riesgo

un refugio donde reír implícitamente,

equivocarnos,

una excusa en el abismo del perdón,

con la atrevida lascivia

de los que perdían el orgullo

entre travesuras de piel.

Y, sobre todo,

emergente entre los iconos del corazón

una sonrisa pícara,

entre la comisura de nuestros labios.

Hoy nadie conoce

el placer de las miradas,

las búsquedas

no tienen geografía

y mueren si imaginación,

las palabras

se visten de silencio

o surgen con cadencias monótonas

en inventarios de reproches

tan eternos

como odiosos.

Y nuestros labios

¡ay de nuestros labios!

se agrietan tan áridos…

que ni siquiera la solemnidad

de los besos

dibujan el amanecer de una sonrisa.

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